Emily triunfa
Emily triunfa —¿Estás segura? —preguntó Dean, secamente—. Muy pocas personas pueden soportar la pura verdad. Tiene que tener algún harapo encima que la haga presentable.
—Yo sà quiero la verdad —insistió Emily con obstinación—. Este libro ha sido… —se ahogó un poco con la confesión— rechazado tres veces. Si encuentras algo valioso en él, seguiré intentando encontrarle editor. Si lo condenas, lo quemaré.
Dean miró con mirada inescrutable el paquetito que ella le tendÃa. De modo que era esto lo que la habÃa apartado de él durante todo el verano, lo que la habÃa absorbido, poseÃdo. La única gota negra en sus venas, los celos de los Priest por ser los primeros, de pronto hizo sentir su veneno.
Miró la cara fresca y dulce, los ojos esplendorosos, de ese gris púrpura como un lago al amanecer, y detestó lo que hubiera en el paquete, fuese lo que fuese, pero se lo llevó a su casa y lo devolvió tres noches después. Emily lo esperaba en el jardÃn, pálida y tensa.
—¿Y bien? —dijo.
Dean la miró, sintiéndose culpable. ¡Qué blancura de marfil, que exquisita parecÃa en medio del fresco crepúsculo!