Emily triunfa
Emily triunfa Dean, sabiendo que sería mejor irse, se marchó. Emily lo vio hasta que estuvo lejos. Luego cogió el pequeño manuscrito marcado, desacreditado que él había dejado sobre el banco de piedra y subió a su habitación. Lo miró, junto a la ventana, a la luz vespertina. Una frase y otra y otra le saltaban a los ojos: ingeniosas, intensas, hermosas. No, era sólo un engaño tonto. No había nada de eso en su libro. Lo había dicho Dean. Y los personajes de su libro… ¡Cómo los quería! ¡Qué reales le parecían! Era espantoso pensar en destruirlos. Pero no eran reales. Sólo «títeres». A los títeres no les importaría que los quemasen. Miró el cielo iluminado por las estrellas de la noche de otoño. Vega de la Lira brillaba, azul, sobre ella. ¡Ay, la vida era espantosa, una crueldad, un desperdicio!