Emily triunfa
Emily triunfa Hasta el día de su muerte, la tía Laura no pudo perdonarse nunca el haber dejado el cesto de la costura en el escalón superior de la escalera. En toda su vida había hecho algo así. Lo llevaba a su habitación cuando Elizabeth la llamó, perentoriamente, desde la cocina, preguntándole dónde estaba no sé qué. Laura dejó el cesto en el descansillo y corrió abajo. Fue sólo un momento. Pero aquel momento fue suficiente para el destino y para Emily. La muchachita, con los ojos cegados por las lágrimas, tropezó con el cesto y cayó rodando por la empinada escalera de la Luna Nueva. Hubo un momento de miedo, un momento de sorpresa, sintió que se hundía en un frío mortal, y al poco que se hundía en un calor abrasador, sintió que se elevaba, que caía en una profundidad insondable, sintió un dolor agudo en el pie y luego nada más. Cuando Laura y Elizabeth llegaron corriendo, al pie de la escalera no había más que un cuerpo encogido envuelto en seda y rodeado de medias y ovillos de lana con las tijeras de la tía Laura dobladas y retorcidas bajo el pie que habían atravesado.