Emily triunfa
Emily triunfa Nada quedaba de su libro, de su querido libro que le había parecido tan maravilloso, nada sino cenizas, un lastimero montoncito de cenizas negras. ¿Podía ser? ¿Dónde estaba todo el ingenio, toda la risa, todo el encanto que parecía brillar en sus páginas, los amados personajes que en él habían vivido, el secreto deleite que tejió en ellos como se teje la luz de la luna entre los pinos? Cenizas. Emily se levantó de un salto, angustiada, lamentando no poder soportarlo. Debía salir, irse, a cualquier lado. Su pequeño cuarto, siempre tan querido y cálido, le parecía una prisión. Fuera, a algún lado, a la noche fría y libre con sus fantasmas grises de niebla, lejos de las paredes y los límites, lejos de aquel montoncito de restos negros, lejos de los fantasmas llenos de reproche de sus personajes asesinados. Abrió con violencia la puerta de su dormitorio y salió, enceguecida, a la escalera.
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