El naufragio del Titán
El naufragio del Titán —Cierto, y nosotros asegurramos contra la baraterÃa; perro este hombre, al ser accionista, no puede escudarse en eso —dijo el Sr. Meyer.
—Y un comportamiento ilÃcito perpetrado por un capitán que es a la vez copropietario y que puede causar un accidente, en caso de que este se produjera, bastarÃa para anular la póliza, ¿no?
—Asà es —dijo, ansioso, el Sr. Meyer—. Usted estaba ebrio durante la guardia, tanto que desvariaba, como él mismo acaba de decir. Usted lo reconocerrá bajo juramento, ¿verdad, amigo? Eso supone actuar de mala fe con los asegurradores y anula la póliza. ¿Me equivoco, Sr. Thompson?
—Asà lo dicta la ley —dijo frÃamente el abogado.
—¿Y no era también el Sr. Austen copropietario? —preguntó Rowland, sin atender al enfoque que el Sr. Meyer daba al asunto.
—TenÃa una cuota, ¿verdad, Sr. Austen? —preguntó el Sr. Meyer, frotándose las manos y sonriendo.
El Sr. Austen no dio muestras de querer negarlo y Rowland prosiguió: