El naufragio del Titán
El naufragio del Titán —El capitán Bryce se equivocó —dijo el Sr. Austen—. Este hombre estaba borracho en Nueva York, al igual que otros miembros de la tripulación. Pero se hallaba sobrio y en perfectas condiciones durante la guardia. Lo sé porque discutà con él algunas teorÃas de navegación durante su turno en el puente aquella noche, y habló con gran inteligencia.
—¡Perro usted mismo dijo hace diez minutos que este hombre estuvo en un estado de delirium tremens hasta que se produjo el choque! —dijo el Sr. Meyer.
—Lo que dije y lo que admitiré bajo juramento son cosas distintas —dijo, desesperado, el oficial—. Puedo haber dicho cualquier cosa en la excitación del momento, al ser acusado de un delito tan infame. Ahora afirmo que John Rowland, fuese cual fuese su estado la noche anterior, era un vigÃa sobrio y perfectamente capacitado cuando naufragó el Titán.
—Gracias —dijo secamente Rowland al primer oficial y, mirando el rostro suplicante del Sr. Meyer, añadió—: No creo necesario que me llame borracho delante de todo el mundo para castigar a la compañÃa y a estos individuos. La baraterÃa, tal como yo la entiendo, es un comportamiento ilÃcito de un capitán o tripulación en alta mar que causa daños o pérdidas, y solo se aplica cuando las partes implicadas son meros empleados. Si he entendido bien, el capitán Bruce era copropietario del Titán, ¿no es asÃ?