Utopía
Utopía Se divierten con los «bobos», pero a nadie le es lícito causarles daños o injuria. No se dan cargos a los que no gustan de sus chirigotas, temiendo que después los tratarían mal. No se permite escarnecer a los simples de espíritu, o a los bobos, por no parecerles puesto en razón la burla o la mofa de tales deficiencias que ciertos hombres padecen sin culpa suya.
Así como tienen por negligencia y dejadez el no conservar la hermosura natural, igualmente condenan a quienes con afeites y aderezos procuran exageradamente el aumentarla. Tienen por cierto que la mujer es más grata al marido por la bondad de sus costumbres que por ninguna aparente belleza corporal.
No solamente se apartan de las maldades por temor al castigo, sino que son incitados a la virtud por lo egregio de los honores. En las plazas levantan estatuas a los ilustres varones que realizaron empresas provechosas para la República, para que se conserve la memoria de las obras insignes, y las nuevas generaciones se sientan exhortadas a la virtud.
Si alguno pone de manifiesto que desea algún cargo de mando, o de Magistrado, basta esto para que quede del todo privado de él.
Viven en unidad y amigablemente, porque los Magistrados no son engreídos. Se hacen llamar padres, y se portan como tales, por lo que el pueblo los respeta con agrado.