UtopÃa
UtopÃa El PrÃncipe no se diferencia de los demás con diadema o corona; el único distintivo es que llevan delante de él un manojo de espigas. Al PontÃfice lo acompañan con una antorcha.
Tienen pocas leyes, y abominan a los pueblos que llenan volúmenes y volúmenes con glosas, reglamentaciones, órdenes y disposiciones. Consideran como una iniquidad el obligar a los hombres con tantas leyes que no se pueden siquiera leer todas, y tan complicadas que no son inteligibles.
No admiten que haya abogados, porque quieren que ante los Tribunales cada parte exponga su razón, ya que de esta manera se habla menos y se llega mejor a la verdad cuando se expone sin exuberancia de palabras.
Los jueces despachan las causas con solicitud, y favorecen sistemáticamente a la gente sencilla contra los astutos y malignos.
Asà ocurre que en UtopÃa todos son jurisconsultos, porque tienen pocas leyes, y todos están pendientes de la interpretación más sincera que se les pueda dar, ya que las deducciones sutiles no pueden ser entendidas por todos, lo cual serÃa contra la aplicación de las leyes, que se dictan para que a todos sean manifiestas.