Utopía
Utopía Como ejemplo de esto, cuando se ha declarado una guerra, mandan secretamente que se fijen en país enemigo muchos carteles autorizados con sus firmas, todos a un tiempo y en lugares públicos y destacados, por los cuales se ofrecen grandes sumas a quien dé muerte al Príncipe contrario. También ofrecen premios menores, aunque importantes, por las cabezas de los consejeros y jefes que fueron los promotores de la guerra. Los premios se ofrecen doblados si en vez de darles muerte los entregan vivos. Ofrecen una buena recompensa y su amistad a los que deserten y se pasen a su bando. De esta manera en poco tiempo todos se tienen por sospechosos y nadie se fía ni de sí mismo. Muchas veces ha sucedido que buena parte de ellos, y aun el mismo Príncipe, han sido entregados por aquellos de quienes más se fiaban.
Esta costumbre de sobornar y comprar a los enemigos la tienen por innoble otras naciones; pero los de Utopía se jactan y se honran con ella, ya que de esta manera hacen la guerra sin hacerla, evitando muchas muertes y ruinas, tanto de los suyos como de los enemigos, de los que tienen tanta conmiseración como de sí mismos, sabiendo que no van a la guerra espontáneamente, sino forzados por la soberbia de sus Príncipes.