Utopía
Utopía Los que no han admitido la religión cristiana no persiguen a los que se han convertido. Pero un recién bautizado se inflamó en su ardor, y aunque yo le amonestaba a que se callase, no se limitaba a exponer con entusiasmo su fe cristiana, sino que condenaba a las demás, llamando impíos a los que no querían adorar a la Santísima Trinidad, amenazándoles con el fuego eterno. Éste tal fue preso, no tanto como violador de la religión del país, sino por ser causa de tumultos y de alborotar al pueblo, ya que la norma común es que cada uno profese con toda libertad la religión de su agrado.
Se cuenta en la Historia de Utopía que los primeros pobladores de aquel país combatieron entre ellos a causa de las diversas religiones que profesaban, con grandes males para todos, y finalmente habían decidido en sus leyes que cada cual pudiese profesar la religión que más concordara con sus sentimientos, sin ser molestados por nadie que si alguno deseaba convencer a otro lo hiciera con modestia y con razonamientos, no usando nunca de violencia ni injuria, castigándose con el destierro o con servidumbre a los contraventores.