Utopía
Utopía En los días finales del mes o del año las mujeres se ponen de rodillas ante los maridos, y los hijos ante los padres, confesando que no se han portado tan bien como debían, y si hicieron alguna cosa indebida, o dejaron de hacer alguna obligación, piden perdón por estas faltas. De esta manera, si hubo algún principio de desavenencia doméstica, con esta satisfacción se deshace, para poder asistir a las funciones del templo con ánimo pacífico y sereno, ya que consideran como una gran maldad el ir al templo con el espíritu alterado. Por esta razón, si cualquiera se halla culpable de enojo o mala voluntad hacia alguno, no se atreve a asistir a los cultos religiosos, temerosos de que su maldad ha de atraerles grandes castigos, si antes no se reconcilian y limpian sus afectos.
En el Templo los varones se ponen a la derecha y las hembras a la izquierda, de tal manera que todos los de una misma familia se ponen puntos y alrededor del más anciano, tanto los hombres como las mujeres. Los jóvenes no van en grupo, para evitar juegos y niñerías, sino que están junto a personas mayores y así van entrando en el temor religioso, que es el único imperativo para andar por el camino de la virtud.