UtopÃa
UtopÃa —No declaro, señor, mal ánimo contra mi Rey, sino mi fe y la verdad. Porque en lo demás yo soy tan adicto al servicio del Rey que ruego a Dios que no me sea más propicio a mÃ, ni de otra manera me perdone, que como yo he sido fiel y afectuoso servidor de Su Majestad.
Entonces el Canciller replicó:
—¿Pensáis, pues, que sois más sabio que todos los Obispos, Abades y Eclesiásticos? ¿Que todos los nobles, caballeros y señores? ¿Que todo el Concilio, o por mejor decir: que todo el reino?
—Señor —respond×, por un Obispo que vosotros tengáis de vuestra parte tengo yo ciento de la mÃa y todos los Santos; por vuestros nobles y caballeros tengo yo toda la caballerÃa de los Mártires y Confesores, por un Concilio vuestro (que sabe Dios cómo se ha hecho) están en mi favor todos los Concilios que en la Iglesia de Dios se han celebrado de mil años acá; y por este vuestro pequeño reino de Inglaterra, defienden mi verdad los de Francia, Italia, España y todos los demás reinos, provincias y potentados amplÃsimos.
Oyendo estas palabras que habÃa dicho Moro delante del pueblo, que habÃa acudido a la novedad de una causa seguida tan sin razón ni justicia contra un hombre tan insigne en virtud, prendas y demás circunstancias, les pareció a los jueces que no ganarÃan nada, y mandándole apartar, confirmaron la sentencia de muerte.