UtopÃa
UtopÃa —A sordÃsimos, sin duda —repuse yo—. Pero esto no me extraña. Pues si os digo lo que pienso, me parece perfectamente inútil largar tales consejos, cuando se está plenamente convencido de que serán rechazados tanto en su fondo como en su forma. ¿De qué puede servir o cómo puede influir un lenguaje tan diferente en el ánimo de quienes están dominados y poseÃdos por tales prejuicios? Entre amigos y en charlas familiares no de la de tener su encanto esta filosofÃa escolástica. Pero no es lo mismo en los consejos reales donde se tratan los grandes asuntos con una gran autoridad.
—Es precisamente lo que os estaba diciendo —contestó Rafael—: a las cortes de los reyes no tiene acceso la filosofÃa.