Piense y hágase rico
Piense y hágase rico —Cada vez que un posible comprador trataba de deshacerse de mÃ, sin hacerse el seguro, yo visualizaba a la niña, parada en el viejo molino, con sus ojazos desafiantes, y me decÃa a mà mismo: «Tengo que conseguir esta venta». La mejor parte de las ventas que he hecho han sido a gente que me habÃa dicho «No».
El señor Darby también recordó su error al haberse detenido a un metro escaso del oro.
—Pero esa experiencia fue una bendición encubierta. Me enseñó a seguir insistiendo sin que importasen las dificultades, y fue una lección que necesité aprender antes de poder tener éxito en cualquier campo.
Esta historia del señor Darby y de su tÃo, de la niña y de la mina de oro, sin duda la leerán centenares de hombres que se ganan la vida vendiendo seguros de vida, y el autor desea ofrecer a todos ellos la sugerencia de que Darby le debe a esas dos experiencias su capacidad para vender más de un millón de dólares anuales en seguros de vida.