Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida Me dirigà hacia las TullerÃas que estaban cerradas, y seguà la lÃnea de los muelles; subà en seguida al Luxemburgo, luego regresé a almorzar con uno de mis amigos. En seguida fui hacia San Eustaquio, donde me arrodillé piadosamente ante el altar de la Virgen pensando en mi madre. Las lágrimas que vertà aliviaron mi alma y al salir de la iglesia compré un anillo de plata. De allÃ, fui a visitar a mi padre, en cuya casa dejé un ramo de margaritas, pues estaba ausente. Fui luego al JardÃn de las Plantas. HabÃa mucha gente y permanecà largo rato viendo al hipopótamo que se bañaba en su estanque. Fui en seguida a visitar las galerÃas de osteologÃa. La vista de los monstruos allà encerrados me hizo pensar en el diluvio y, cuando salÃ, una lluvia espantosa caÃa sobre el jardÃn.

Me dije:
—¡Qué desgracia! ¡Todas esas mujeres, todos esos niños, van a mojarse!…
Luego me dije:
—¡Pero es más aún!, es el verdadero diluvio que empieza.