Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida Tengo una esperanza mayor en la bondad de Dios: quizá hemos llegado a la época predicha en que la ciencia, habiendo cumplido totalmente su ciclo de análisis y síntesis, de creencia y negación, podrá depurarse a sí misma y hará brotar del desorden y las ruinas la maravillosa ciudad del porvenir… No hay que descartar tan fácilmente a la razón humana, bajo pretexto de que gana mucho en humillarse por completo, pues sería poner en duda su origen divino… Sin duda Dios apreciará la pureza de las intenciones; ¿y qué padre se complacería al ver a su hijo abdicar ante sí de todo razonamiento y de todo orgullo? ¿El apóstol que quería tocar para creer no fue maldecido por eso mismo? ¿Qué acabo de escribir?: ¡blasfemias! La humildad cristiana no puede hablar así. Tales pensamientos distan mucho de conmover el alma. Reflejan sobre la frente los relámpagos de orgullo de la corona de Satán… ¿Un pacto con Dios mismo?… ¡Oh ciencia! ¡Oh vanidad!