Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida Cuando el alma flota incierta entre la vida y el sueño, entre el desorden del espíritu y el retorno a la fría reflexión es en el pensamiento religioso donde debe uno buscar auxilio; jamás he podido hallar en esa filosofía que sólo nos presenta máximas de egoísmo o a lo sumo de reciprocidad sino una larga experiencia, dudas amargas; lucha contra los dolores morales anulando la sensibilidad; semejante a la cirugía, no sabe sino amputar el órgano que hace sufrir. Pero, para nosotros, nacidos en días de revoluciones y tormentas, en que todas las creencias han sido aniquiladas, educados a lo sumo dentro de esa vaga ley que se conforma con unas cuantas prácticas exteriores y que nuestra indiferente sumisión hace quizá más culpable que la impiedad absoluta o la herejía misma, es bien difícil, en cuanto sentimos su falta, reconstruir el edificio místico cuya fachada, ya hecha, admiten de corazón los inocentes y los simples. «¡El árbol de la ciencia no es el árbol de la vida!». Sin embargo, ¿podemos nosotros arrojar de nuestro espíritu lo que tantas generaciones inteligentes han vertido en él de bueno o de funesto? La ignorancia no se aprende.