Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida La noche siguiente no pude dormir sino algunos instantes. Una mujer que había cuidado de mí durante mi niñez se me apareció en el sueño y me reprochó una falta grave que había cometido hacía mucho tiempo. La reconocí a pesar de que parecía más vieja que en la última época en que la vi. Eso mismo me hizo pensar amargamente que no había ido a verla en sus últimos momentos.
—No has llorado a tus viejos ancestros tan ardientemente como has llorado a esa mujer. ¿Cómo pretendes esperar perdón?
El sueño se volvió confuso. Figuras de personas que había conocido en diversas épocas pasaron ante mis ojos. Desfilaban, se iluminaban, palidecían y volvían a caer en la noche como las cuentas de un rosario cuyo engaste se hubiera roto. Vi en seguida formarse vagamente imágenes plásticas de la antigüedad que se bosquejaban, se fijaban y parecían representar símbolos de los que percibía la idea muy difícilmente. Pero supuse que todo aquello quería decir: «¡Esto estaba hecho para enseñarte el secreto de la vida, y no has comprendido. Las religiones y las fábulas, los santos y los poetas estaban de acuerdo para explicar el enigma fatal y tú has interpretado erróneamente… Ahora, es demasiado tarde!».
Me levanté lleno de terror, diciéndome: —¡Es mi último día!