Sylvie
Sylvie Ella sí existe, es buena y, seguramente, posee un corazón puro. Vuelvo a ver su ventana en la que los pámpanos y el rosal se entrelazan, y la jaula de las currucas, colgada a la izquierda; oigo el ruido de sus sonoros bolillos y su canción favorita:
Estaba la hermosa sentada junto al arroyo que fluía…
Aún me espera… ¿Quién puede haberse casado con ella? ¡Es tan pobre! ¡Los bondadosos campesinos de su pueblo, y de los que lo rodean, vestidos con blusones, de manos rudas, de rostro enjuto y tez curtida! Ella sólo me quería a mí, el pequeño parisino, cuando iba yo cerca de Loisy a visitar a mi pobre tío, ya muerto. Llevo tres años viviendo a lo grande y derrochando la modesta herencia que me legó y que hubiera podido bastarme para vivir durante toda mi existencia. Con Sylvie la hubiera conservado. El azar me devuelve una parte. Aún estoy a tiempo.
¿Qué estará haciendo ella en este momento? Duerme… No, no duerme; hoy es la fiesta del arco, la única del año en la que se baila durante toda la noche. Está en la fiesta…
¿Qué hora es? No tenía reloj.