Los jardines interiores
Los jardines interiores 
I
¿Lo recuerdas? Una noche sin fulgores, sin bellezas,
el espectro de la ausencia consagraba con su mano
al dolor sin esperanza nuestras pálidas cabezas,
vanas eran nuestras luchas, todo vano, todo vano…
En mi espÃritu rebelde suspiraban las tristezas,
las tristezas suspiraban en las cuerdas del piano.
—Adiós virgen —murmuraba con la voz de mis ternezas.
—¡Para siempre! —del piano respondÃa el son lejano.
En los campos iniciaban, entre juncos y malezas,
su macabra ronda lÃvida, los fulgores del pantano
y en mi espÃritu rebelde se quejaban las tristezas,
las tristezas se quejaban en las cuerdas del piano…
¿Tornaremos a mirarnos? ¡Quién aplaca las fierezas