Los jardines interiores
Los jardines interiores y acurrucarme
como un lucero,
en la noche, que es el infinito
raso azul de tus santos joyeros.
Quiero ser un diamante,
y si las miserias y si el sufrimiento
vienen y obscurecen mis facetas diáfanas,
para seguir siendo
diamante en la angustia, diamante en las lágrimas,
diamante en los duelos,
Tú que sacas la luz de la sombra,
harás que me vuelvan todas las negruras un diamante negro…»
Anda a ver a Nuestro Amo, Damiana,
¡anda a verlo!
¡Oye las campanas como cantan Gloria
in excelsis Deo!
Corre a la iglesia, retoño mío,
luz de mis años, flor de mis hielos…
Anda a ver a Nuestro Amo, Damiana,
Nuestro Amo está expuesto.