Los jardines interiores
Los jardines interiores con mil flamulillas de oropel, que crujen
al soplo del viento,
al soplo del viento,
que hace esgrima con luces de cirios,
como con espadas de trémulo fuego.
Nuestro Amo está expuesto
y la Santa Virgen, cubierta de joyas,
está en un crucero,
con su veste de tela de plata,
sonriendo
y ostentando en su diestra afilada
una gran camándula de vivos destellos
y sortijas de antigua factura
prendidas al viejo marfil de sus dedos.
Anda, dile a la Virgen, Damiana,
que guarde tu almita de luz para el cielo.
Nuestro Amo está expuesto,
anda a visitarlo, Damiana, te hincas
en el presbiterio,
ante el ascua de oro del altar bendito
rezas un padre-nuestro
y le cuentas a Dios tus angustias,
tus deseos,
y le dices asÃ: «Padre mÃo,
tú formaste mi alma de diamante y quiero
seguir siendo en la vida un diamante
para ser un diamante en el cielo