Los jardines interiores
Los jardines interiores III
Tú y yo, Damiana, los últimos
abencerrajes del Sueño,
somos acaso los solos
que oímos al pobre ciego.
La calle está solitaria,
la noche tiende en el cielo
sus alas imponderables
agresivas de misterios.
Marchamos los dos del brazo
por el bulevar desierto,
y mientras que la canción
sigue sonando a lo lejos,
nos hundimos en la sombra,
pensando: «Si fuera cierto…».