Poesia y prosa
Poesia y prosa blandamente se fue transfigurando… En la pálida
faz del espectro, indecisa como un albor naciente, brotaba
una sonrisa; brotaba una sonrisa tan cordial, de tal
suerte hospitalaria, que me pareció la Muerte más madre
que las madres; su boca, ayer horrible, más que todas
las bocas de hembra apetecible, sus brazos, más seguros
que todos los regazos… ¡Y acabé por echarme, como
un niño, en sus brazos!
Hoy, ella es la divina barquera en quien me fÃo; con
ella, nada temo; con ella nada ansÃo. En su gran barca de
ébano, llena de majestad, me embarcaré tranquilo para la Eternidad.