Poesia y prosa
Poesia y prosa No creÃa que fuese hacedero en mucho tiempo —en años— que Luisa recobrase la memoria de su pasada existencia, pero en cambio era posible reeducarla para la vida, como a una niña. CabÃa enseñarla nociones simples, darla lecciones de cosas, sin fatigar su cerebro; seguir con ella en el campo, en un sitio sano y apartado, un procedimiento análogo al de los Kindergartens.
—Es —me dijo el doctor, y me dio el porqué con explicaciones técnicas que no acertarÃa a repetir ni viene al caso—, es como si hubiera vuelto a nacer.
»¿Ha leÃdo usted —prosiguió con sonrisa ambigua— lo que dicen las religiones indias y algunos de los griegos acerca de la palingenesia?
»El alma, al encarnar, olvida toda su larga historia anterior, que, según parece, no le servirÃa de estÃmulo sino de desconsuelo, y harÃa imposible sus relaciones con muchos de sus semejantes, pues es de clavo pasado que el interfecto no soportarÃa la vista de su asesino, el marido engañado la de su infiel, el comerciante la de su cajero ladrón; e inconcuso que quien en otras vidas tropezó y cayó, perderÃa en la actual con este recuerdo la moral para regenerarse. El alma, pues, come «la flor de loto», pero no olvida en realidad ciertas cosas, según afirman los teorizantes.