Poesia y prosa
Poesia y prosa »Sólo que sus recuerdos se transforman en instintos. El hábito no es más que un recuerdo despersonificado —dice Janet—. De allà las simpatÃas y antipatÃas, las corazonadas, los presentimientos.
»Pues bien; el caso de su esposa es análogo.
»Renace ahora… Nada recuerda de su vida pasada; hasta ignora que tuvo una hija. Pero su memoria, que procederá como instinto mientras no cure de la amnesia, hará, asà lo espero, que experimente simpatÃas por usted.
»Con dulzura, y sobre todo, recuérdelo, sin fatiga, usted la reeducará.
»En suma —añadió—, la experiencia es nueva, dulce y tentadora. Con el mismo cuerpo de la mujer amada, el destino le otorga a usted un alma nueva, un alma blanda que usted, si es artista, sabrá modelar…».
Las palabras de aquel sabio médico —que por pura casualidad no era materialista— me sedujeron, y algunos dÃas después, con mi esposa, mi hija y mis fieles criados, me instalaba en una hermosa quinta de Santander, desde la cual el panorama era admirable, como todos los panoramas de la Montaña.