Poesia y prosa
Poesia y prosa Amnesia

Después de una noche más tranquila, mi mujer dio signos de despertar.
El miedo me sobrecogió de nuevo. ¿Quién iba a volver a la luz, Luisa o Blanca?
Pero una blanda sonrisa me tranquilizó: era Blanca sin duda, que, mimosa, enredaba sus brazos a mi cuello y me besaba, con aquel beso fervoroso de siempre.
Ninguna huella quedaba en su rostro de la crisis de la víspera.
Sus primeras palabras fueron afectuosas y dulces como de costumbre.
Yo había ya tomado una resolución; no más Italia. No volvería a ver con ella cuidad ni comarca ninguna que Luisa y yo hubiésemos visto juntos. Embarcaríamos en Nápoles con rumbo a Barcelona.
Al día siguiente estábamos en el Hotel de Santa Lucía de Nápoles.
Recordé las horas pasadas en mi «primer viaje de bodas» por la bahía de ensueño; nuestras excursiones a la gruta azul, a Pompeya… a Pompeya sobre todo. Luisa me había echado a perder mis éxtasis en las calles solitarias de la ciudad única. Ni entendía nada de aquello ni podía sentir la imperiosa evocación del pasado.
