Poesia y prosa
Poesia y prosa El diamante en la inquietud

Nuestro idilio siguió su curso apacible y un poco eglógico bajo las frondas, y un mes después de lo relatado, en otra tarde tan bella como la que con sus luces tenues acarició nuestras primeras confidencias, yo me presenté a Ana María de levita y sombrero de copa.
—¿De dónde viene usted ten elegante? —me preguntó.
—De casa: no he visto a nadie; no he hecho visita ninguna.
—¿Entonces?
—Vengo con esta indumentaria, relativamente ceremonial, porque voy a realizar un acto solemne…
—¡Jesús! ¡Me asusta usted!
—No hay motivo.
—¿Va usted a matarse?
—Algo más solemne aún: Moratín coloca las resoluciones extremas en este orden: 1.ª, meterse a traductor; 2.ª, suicidarse; 3.ª, casarse, yo he adoptado la más grave: la tercera resolución.
—¡Qué atrocidad! ¿Y con quién va a usted casarse?
—Con usted. Vengo a pedirla su mano y por eso me he vestido como para una solemnidad vespertina.
—¡Qué horror! Pero ¿habla usted en serio?