Poesia y prosa
Poesia y prosa El diamante en la inquietud

En cierta ocasión, después de un paseo ideal a la luz de la luna, que hacÃa de las cataratas un hervidero de ópalos yo, cogiendo la diestra de Ana MarÃa y oprimiéndola amorosamente contra mi corazón, pregunté a mi amada:
—No te irás, ¿verdad? No te irás nunca… Es falso que un dÃa al despertarme he de encontrar la mitad de mi lecho vacÃo…
¿Por qué la hice aquella pregunta?
La idea fija, la horrible y fatal idea fija, que dormÃa en su espÃritu, se despertó de pronto y se asomó a sus ojos…
Todo su rostro se demudó. Su frente se puso pálida y un sudor frÃo la emperló trágicamente.
Se estremeció con brusquedad; y acercando su boca a mi oÃdo, me dijo con voz gutural:
—¡SÃ, me iré; será fuerza que me vaya!
—¡No me quieres, pues!
Y repegándose a mÃ, con Ãmpetu, respondió casi sollozando:
—¡SÃ, te quiero, te quiero con toda mi alma! Y eres mejor de lo que yo creÃa; eres más bueno y más noble que lo que yo pensaba; ¡pero es fuerza que me vaya!