Poesia y prosa
Poesia y prosa —¿Qué secreto es ése tan poderoso, Ana MarÃa, que te puede arrancar de mis brazos?
—Mi solo secreto: lo único que no te he dicho. Un dÃa, ¿lo recuerdas? La vÃspera de nuestro matrimonio te pedà que no me preguntases nada… ¡Y tú me lo prometiste!
—Es cierto… ¡No te preguntaré más!
Y los dos permanecimos silenciosos escuchando el estruendo lejano de las cataratas.
Después de algunos momentos de silencio, ella inquirió tÃmidamente:
—¿Me guardas rencor?
—No…
—¿Te arrepientes de haberte casado conmigo?
—No, nunca.
—¿Estás triste?
—SÃ, pero descuida, no te preguntaré más.
Reclinó su cabeza sobre mi hombro y dijo:
—¡Te quiero, te quiero! Lo sabes… Pero ¿es culpa mÃa si la vida ha puesto sobre mi alma el fardo de una promesa?
Y púsose a llorar dulcemente, muy dulcemente.
En el estruendo del Niágara aquel delicado sollozo de mujer parecÃa perderse, como parecen perderse todas nuestras angustias en el seno infinito del abismo indiferente.