Poesia y prosa
Poesia y prosa Cuantas veces mirando la noche estrellada me he dicho: cada uno de esos soles gigantescos alumbra mundos y de cada uno de esos mundos surge un enorme grito de dolor, el dolor inmenso de millones de humanos… Pero no lo oímos; la noche permanece radiante y silenciosa. ¿Adónde va ese dolor inconmensurable; en qué oreja invisible resuena; en qué corazón sin límites repercute; en qué alma divina se refugia? ¿Seguirá surgiendo así inútilmente y perdiéndose en el abismo?
Y una voz interior me ha respondido: «¡No, nada se pierde; ni el delicado sollozo de Ana María dejaba de vibrar en el éter, a pesar del ruido de las cataratas, ni un solo dolor de los mundos deja de resonar en el corazón del Padre!».