Poesia y prosa
Poesia y prosa El diamante en la inquietud

¡Un hijo!, ¡un hilo podía detenerla para que no se fuese, para que no dejase a mitad vacío mi lecho una noche, aquella espantosa noche que tenía que llegar! Un hijo, el amor infinito de un hijo remacharía el eslabón de la cadena.
Pero el destino se negó a traernos aquella alma nueva que apretase más nuestras almas, que fuese a modo de Espíritu Santo; relación dulcísima de amor entre dos seres que en él se adorasen.
Sí, el destino me negó ese bien; ha sido mi fatum ir al lado de las mujeres amadas sin ver jamás entre ellas y yo la cabeza rubia o morena de un ángel.
La soledad de dos en compañía ha tenido para conmigo todas sus crueldades… Pero me apresuraré a decirlo, sí lamenté con Ana María la ausencia angustiosa del que debiera venir, nunca sentí a su lado esa soledad de dos; sentí siempre la plenitud, y pareciome que poseyéndola a ella, lograba yo dulcemente mi fin natural.
