Poesia y prosa
Poesia y prosa El amigo.— ¡Ah!, sin aquel temor, sin aquel sobresalto, que me hacen sonreÃr ahora que me los cuentas, amigo, quizá porque ya no veo sobre tu faz, arada por los lustros lentos, más que la sombra del dolor vencido; ¡ah!, sin aquel sobresalto, sin aquel temor, sólo un Dios pudiera lograr la máxima ventura por ti lograda en los brazos de Ana MarÃa, ¿no es esto?
Sólo un Dios, sÃ, ya que no mas ellos son capaces de gozar sin miedo, con la mansa confianza de la perennidad de su goce.
Yo.— ¿Pero vale la pena gozar asÃ? «¡Bendita sea la juventud —dijo Lamartine en el prólogo de las poesÃas de Alfredo de Musset— con tal de que no dure toda la vida!». La felicidad sin dolor que la contraste, es inconcebible… ¡Se necesita un poco de amargo para dar gusto al vermut!
Por eso yo nunca he podido imaginarme el paraÃso y acaso me lo imaginara si en él pudiese colocar un poco de nuestra inquietud, un ¡quien sabe!, un solo ¡quién sabe!, tenue y vago: «Quien sabe si un dÃa, en el curso mudo de las eternidades, esta contemplación beatÃfica cesará…».