Poesia y prosa
Poesia y prosa El amigo.— ¡Infeliz! ¡QuerrÃas, pues, la inquietud eterna! AquÃ, en esta misérrima vida sólo el temor de perderlas da un precio a las cosas; pero allá no sucederá asÃ; la beatitud será apacible la conciencia de su perpetuidad no le gestará nada al éxtasis, por una simplÃsima razón.
Yo.— ¿Cuál?
El amigo.— Porque nunca contemplaremos el mismo espectáculo en la insondable hondura de Dios y nos pasaremos las eternidades aprendiendo a cada instante algo nuevo en el panorama mÃstico de la conciencia divina…
Yo.— Acaso estés en lo justo…, pero ya volveremos dentro de unos momentos a este sabroso tema de la inquietud, como claro obscuro de la dicha. Ahora prodigo mi relato.