Poesia y prosa
Poesia y prosa —Te lo voy a revelar ya que te empeñas —me dijo al fin—; pero de antemano te repito que no esperes nada extraordinario. Yo me casé muy joven, con un hombre muy bueno, a quien adoraba, como que fue mi primer amor. Ese hombre, bastante mayor que yo, era muy celoso, infinitamente celoso. ¿Tú sabes lo que son los celos? Pues es muy «sencillo»: desconfÃas hasta de la sombra de tu sombra… Yo era incapaz de engañarle; pero precisamente por eso estaba celoso. Los celos no provienen nunca de la realidad.
—«¡Puesto que sois verdad ya no sois celos!» —la recordé yo.
—¡Eso es!… Muy celoso era, sÃ; y vivÃa perpetuamente atormentado.
Anhelaba siempre complacerme. Iba yo vestida como una princesa (si es que las princesas van bien vestidas, que suelen no irlo). Más cada nuevo atavÃo era para él ocasión de tormento.
—Qué bella estás —me decÃa—, vas a gustar mucho…
Y una sonrisa amarga plegaba sus labios.