Poesia y prosa

Poesia y prosa

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En esto, la puerta que Su Majestad, por invencible hábito, suponía que era una ventana que caía sobre la gran plaza de Enrique V, se entreabrió, y una figura de mujer, alta, esbelta, armoniosa, se recortó en la amplia zona de luz que limitaban las maderas.

—Lope —dijo con voz dulcísima de un timbre de plata—, ¿estás ya despierto?

Su Majestad —o mejor dicho Lope—, estupefacto, quiso balbucir algo; no pudo y quedose mirando, sin contestar, aquella aparición.

Era, a lo que podía verse, una mujer de veinte años, a lo sumo, de una admirable belleza. Sus ojos, obscuros y radiantes, iluminaban el óvalo ideal de un rostro de virgen, y sus cabellos, partidos por en medio y recogidos luego a ambos lados, formando un trenzado gracioso que aprisionaba la robusta mata, eran de un castaño obscuro magnífico. Vestía modestamente saya y justillo negros, y de los lóbulos de sus orejas, que apenas asomaban al ras de las bandas de pelo, pendían largos aretes de oro, en los cuales rojeaban vivos corales.

—¿Duermes, Lope? —preguntó aún la voz de plata—. Tarde es ya, más de las siete… Recuerda que mañana ha de estar acabada la custodia. El hermano Lorenzo nos ha dicho que en el convento la quieren para la fiesta de San Francisco, que es el jueves.

—¡Lope! —murmuró Su Majestad— ¡Lope, yo!… ¿Pero quién sois vos, señora?…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker