Poesia y prosa
Poesia y prosa Theotokopulos habló de Italia; de su llegada a Toledo; de la impresión que esta ciudad admirable hizo en él; de cómo la había pintado y cómo la pintaría aún muchas veces; de sus desacuerdos con el Cabildo de la Catedral, que después de una tasación injusta, sólo le dio por uno de sus cuadros más trabajados, «tres mil e quinientos rreales»; del Rey, que no entendía ni gustaba sino a medias su arte, y que frecuentemente hacía que le fueran a la mano en sus cuadros, cosa que a él le irritaba más allá de toda ponderación; y, por último, de un gran lienzo que le habían encargado para la iglesia de Santo Tomás, esa vieja mezquita renovada en el siglo XIV por el Conde de Orgaz, y cuya graciosa y elegante torre mudéjar era la que más en Toledo le gustaba.
—¿Y qué cuadro será ése, maestro? —preguntó Lope.
—Será —respondió Domenikos—, el entierro del dicho Conde de Orgaz, que murió en 1323, y en el cual ha verse la aparición de San Esteban y San Agustín. Magna obra ha de ser, lo aseguro; de una ordenación y composición muy laboriosas. Toledo entera aparecerá en el lienzo, asentada en su trono de piedra, y haré de cada uno de los personajes que figuren en el cuadro un verdadero retrato.