Poesia y prosa
Poesia y prosa Blanca, cuyo espíritu curioso e infantil soñaba con viajes, con resplandecientes cortes, con palacios donde lucir el alabado embeleso de su naciente juventud, vio (y con ella sus padres) el cielo abierto merced a aquel matrimonio, que iba a redimirla de la pobreza y a poner un marco admirable a su vida de alondra ávida de luz…
Tres años después de casados, Fernando fue ascendido a Ministro plenipotenciario en España, con gran alborozo de ambos, pues si Blanca veía en perspectiva fiestas y esplendores (inusitados en la austera y un poco burguesa capital de su república), Fernando, descendiente como ella de españoles, enamorado lejano de cuanto admirable hay en el viejo solar, sentía una atracción profunda por Madrid, donde había estado ya como tercer Secretario de su Legación y había pasado horas inolvidables.
El matrimonio fue muy bien recibido: Él era un deportista consumado. Además, intelectual de verdad, gustaba de los estudios históricos y literarios, y algunos discretísimos trabajos enviados a la Real Academia de la calle de León habíanle valido el nombramiento de socio correspondiente. Su aspecto distinguido y abierto conquistaba desde luego las amistades. Su conversación amena, un poco irónica, sin malevolencia, le granjeaba en los salones complacidos auditorios.