Poesia y prosa
Poesia y prosa Todo Madrid lo sabía.
Todo Madrid menos él…
Algunas veces habrían reído a sus espaldas en la Peña… Sí, ciertamente… ahora recordaba la intención y la ironía de tales o cuales frases, cuyo tono subrayado le chocó.
Y al pensar en estas cosas, un rubor infinito, el sonrojo de su vergüenza pasada y presente, le encendía el rostro.

¡Y cómo la amaba a pesar de todo!
Ahora que sentía lo irremediable de su desastre, la imperiosa, la fatal necesidad de poner un brusco punto final a su vida común, desbordábase de su corazón la ternura de los años conyugales.
¡Qué iba a hacer sin ella! ¡Cómo vivir sin ella!
Por un instante —sólo por un instante, apresurémonos a decirlo, a fin de que el lector no desprecie a Fernando—, el pobre hombre pensó: