Poesia y prosa
Poesia y prosa Una mentira

Iba a salir el tren. Se levantó con esfuerzo y fue a buscar un sitió en un ángulo del coche.
El rodar continuo, durante todo el dÃa, le hizo bien.
La monotonÃa del paisaje fue un sedante para sus nervios.
Por la noche, al llegar a San Sebastián, buscó en el Cristina una habitación cuyas ventanas diesen a la Zurriola. QuerÃa ver, en cuanto se despertase al dÃa siguiente, el mar: no el de paisaje suizo que se contempla desde la Concha coqueta y sonriente, sino el otro, el áspero, el salvaje no domado, el que deshace los rompeolas y asalta las rocas con sus blancos ejércitos de espuma.
Durmió aquella noche de un tirón diez horas. La naturaleza pedÃa lo suyo.
La vix medicatrix naturae hizo su efecto.
Al abrir temprano sus ventanas, toda la maravilla del paisaje se le metió por los ojos al espÃritu. ¡Qué bello, qué inmenso era el mar… y que pequeña su tragedia!