Poesia y prosa
Poesia y prosa Se estuvo por lo menos una hora contemplando al titán, ahora azul, lleno de pantos trémulos de oro, como dormido, con zonas de colores impintables: ya el pizarra, ya el verde, ya el pavón. Algunas barcas de pescadores aparecían y desaparecían a lo lejos, con el vaivén suave de la palpitación eterna…
A su derecha, el monte Ulía, los pinares admirables, las casitas deliciosas, todos los fonos del verde.
La Naturaleza parecía cogerle en sus inmensos brazos mullidos y decirle:
Reposate, hijo mío: todo lo que piensan e imaginan los hombres, doloroso o alegre, es mentira. Yo soy la única verdad. Búscame siempre, y te daré la sabiduría sin palabras y la paz infinita.