Cuando te encuentre
Cuando te encuentre El pastor alemán no dudó, avanzando con el hocico pegado al suelo, guiando a Logan a través de los árboles y el lodo. En cuestión de minutos, el rugido del rÃo crecido por las lluvias llenó sus oÃdos. Allà estaba Keith, en la orilla, con Ben agarrado por el brazo. El niño lloraba, su voz apenas audible por encima del estruendo del agua.
—¡Keith! —gritó Logan, avanzando con cuidado. Keith se giró, su rostro retorcido por una mezcla de odio y locura. —¡Tú! ¡Siempre tú, quitándome todo! Beth, mi hijo… ¡todo! —vociferó, arrastrando a Ben más cerca del agua.
—Esto no tiene que acabar asà —dijo Logan, su voz firme pero calmada, tratando de ganar tiempo—. Déjalo ir. Keith soltó una carcajada amarga. —¿Por qué iba a hacerte caso? Tú lo arruinaste todo.
Logan aprovechó el momento de distracción y avanzó con rapidez. Keith lo vio venir y soltó a Ben, arrojándolo al suelo mientras se lanzaba contra Logan con un puño cerrado. La lucha fue brutal. Los dos hombres cayeron al barro, golpeándose con la ferocidad de animales acorralados.