Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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¡Pues habéis asesinado las visiones y los amadísimos prodigios de mi juventud! ¡Me habéis quitado mis compañeros de juego, los espíritus bienaventurados! En recuerdo suyo deposito esta corona y esta maldición.

¡Esta maldición contra vosotros, enemigos míos! ¡Pues acortasteis mi eternidad, así como un sonido se quiebra en noche fría! Casi tan sólo como un relampagueo de ojos divinos llegó hasta mí, – ¡como un instante!

Así dijo una vez en hora favorable mi pureza: «Divinos deben ser para mí todos los seres».

Entonces caísteis sobre mí con sucios fantasmas, ¡ay, adonde huyó aquella hora favorable!

«Todos los días deben ser santos para mí» – así habló en otro tiempo la sabiduría de mi juventud[195]: ¡en verdad, palabras de una sabiduría gaya!

Pero entonces vosotros los enemigos me robasteis mis noches y las vendisteis a un tormento insomne: ay, ¿adonde huyó aquella sabiduría gaya?

En otro tiempo yo estaba ansioso de auspicios felices: entonces hicisteis que se me cruzase en el camino un búho monstruoso, repugnante. Ay, ¿adonde huyó entonces mi tierna ansia?

A toda náusea prometí yo en otro tiempo renunciar: entonces transformasteis a mis allegados y prójimos en llagas purulentas. Ay, ¿adonde huyó entonces mi más noble promesa?


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