Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Como un ciego recorrí en otro tiempo caminos bienaventurados: entonces arrojasteis inmundicias al camino del ciego: y él sintió náuseas del viejo sendero de ciegos.
Y cuando realicé mi empresa más difícil y celebraba la victoria de mis superaciones: entonces hicisteis gritar a quienes me amaban que yo era quien más daño les hacía.
En verdad, ése fue siempre vuestro obrar: transformasteis en hiel mi mejor miel y la laboriosidad de mis mejores abejas.
A mi benevolencia enviasteis siempre los mendigos más insolentes; en torno a mi compasión amontonasteis siempre a aquéllos cuya desvergüenza no tenía curación. Así heristeis a mi virtud en su fe.
Y si yo llevaba al sacrificio lo más santo de mí: al instante vuestra «piedad» añadía sus dones más grasientos: de tal manera que en el vaho de vuestra grasa quedaba sofocado hasta lo más santo de mí.
Y en otro tiempo quise bailar como jamás había bailado yo hasta entonces: más allá de todos los cielos quise bailar. Entonces persuadisteis a mi cantor más amado.
Y éste entonó una horrenda y pesada melodía; ¡ay, la tocó a mis oídos como un tétrico cuerno!