Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra ¡Cantor asesino, instrumento de la maldad, inocentÃsimo! Ya estaba yo dispuesto para el mejor baile: ¡entonces asesinaste con tus sones mi éxtasis!
Sólo en el baile sé yo decir el sÃmbolo de las cosas supremas: – ¡y ahora mi sÃmbolo supremo se me ha quedado inexpreso en mis miembros!
¡Inexpresa y no liberada quedó en mà la suprema esperanza! ¡Y se me murieron todas las visiones y consuelos de mi juventud!
¿Cómo soporté aquello? ¿Cómo vencà y superé tales heridas?[196] ¿Cómo volvió mi alma a resurgir de esos sepulcros?
SÃ, algo invulnerable, insepultable hay en mÃ, algo que hace saltar las rocas: se llama mi voluntad. Silenciosa e incambiada avanza a través de los años.
Su camino quiere recorrerlo con mis pies mi vieja voluntad; duro de corazón e invulnerable es para ella el sentido.
Invulnerable soy únicamente en mi talón[197]. ¡TodavÃa sigues viviendo ahà y eres idéntica a ti misma, pacientÃsima! ¡Siempre conseguiste atravesar todos los sepulcros!
En ti vive todavÃa lo irredento de mi juventud; y como vida y juventud estás tú ahà sentada, llena de esperanzas, sobre amarillas ruinas de sepulcros.