Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Pero esto es lo tercero que oÃ: que mandar es más difÃcil que obedecer. Y no sólo porque el que manda lleva el peso de todos los que obedecen, y ese peso fácilmente lo aplasta: –
Un ensayo y un riesgo advertà en todo mandar; y siempre que el ser vivo manda se arriesga a sà mismo al hacerlo.
Aún más, también cuando se manda a sà mismo tiene que expiar su mandar. Tiene que ser juez y vengador y vÃctima de su propia ley.
¡Cómo ocurre esto!, me preguntaba. ¿Qué es lo que persuade a lo viviente a obedecer y a mandar y a ejercer obediencia incluso cuando manda?
¡Escuchad, pues, mi palabra, sapientÃsimos! ¡Examinad seriamente si yo me he deslizado hasta el corazón de la vida y hasta las raÃces de su corazón!
En todos los lugares donde encontré seres vivos encontré voluntad de poder; e incluso en la voluntad del que sirve encontré voluntad de ser señor.
A servir al más fuerte, a eso persuádele al más débil su voluntad, la cual quiere ser dueña de lo que es más débil todavÃa: a ése solo placer no le gusta renunciar.
Y asà como lo más pequeño se entrega a lo más grande, para disfrutar de placer y poder sobre lo mÃnimo: asà también lo máximo se entrega y por amor al poder – expone la vida.