Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra A que despreciéis a la tierra ha persuadido alguien a vuestro espíritu, pero no a vuestras entrañas: ¡mas éstas son lo más fuerte en vosotros!
Y ahora vuestro espíritu se avergüenza de estar a merced de vuestras entrañas, y a causa de su propia vergüenza recorre caminos tortuosos y embusteros.
«Para mí sería lo más elevado —así se dice a sí mismo vuestro mendaz espíritu— mirar a la tierra sin codicia y sin tener la lengua colgando, como el perro:
¡Ser feliz en el contemplar, con una voluntad ya muerta, ajeno a la rapacidad y a la avaricia del egoísmo – frío y gris en todo el cuerpo, mas con ebrios ojos de luna!».
«Lo más querido sería para mí —así se seduce a sí mismo el seducido— amar la tierra tal como la ama la luna, y sólo con los ojos palpar su belleza.
Y el conocimiento inmaculado de todas las cosas sea para mí el no querer nada de las cosas: excepto el que me sea lícito yacer ante ellas como un espejo de cien ojos.»[216] –
¡Oh, sensibles hipócritas, lascivos! A vosotros os falta la inocencia en el deseo: ¡y por eso ahora calumniáis el desear!
¡En verdad, no como creadores, engendradores, gozosos de devenir amáis vosotros la tierra!