Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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¡Y créeme, amigo ruido infernal! Los acontecimientos más grandes – no son nuestras horas más estruendosas, sino las más silenciosas.

No en torno a los inventores de un ruido nuevo: en torno a los inventores de nuevos valores gira el mundo; de modo inaudible gira[244].

¡Y confiésalo! Pocas eran las cosas que habían ocurrido cuando tu ruido y tu humo se retiraban. ¡Qué importa que una ciudad se convierta en una momia y que una estatua yazca en el fango![245]

Y ésta es la palabra que digo todavía a los derribadores de estatuas. Sin duda la tontería más grande es arrojar sal al mar y estatuas al fango.

En el fango de vuestro desprecio yacía la estatua: ¡pero su ley es precisamente que el desprecio haga renacer en ella vida y viviente belleza!

Con rasgos divinos se yergue ahora, y con la seducción propia de los que sufren; y ¡en verdad!, ¡incluso os dará las gracias por haberla derribado, derribadores!

Éste es el consejo que doy a los reyes y a las Iglesias y a todo lo que es débil por edad y por virtud – ¡dejaos derribar! ¡Para que vosotros volváis a la vida, y para que vuelva a vosotros – la virtud! –

Así hablé yo ante el perro de fuego: entonces él me interrumpió gruñendo y preguntó: «¿Iglesia? ¿Qué es eso?».


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