Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Así contó Zaratustra su sueño[251], y luego calló: pues aún no sabía la interpretación de su sueño. Pero el discípulo al que él más amaba[252] se levantó con presteza, tomó la mano de Zaratustra y dijo:
«¡Tu vida misma nos da la interpretación de ese sueño, Zaratustra!
¿No eres tú mismo el viento de chirriantes silbidos que arranca las puertas de los castillos de la muerte?
¿No eres tú mismo el ataúd lleno de maldades multicolores y de grotescas figuras angelicales de la vida?
En verdad, semejante a mil infantiles carcajadas diferentes penetra Zaratustra en todas las cámaras mortuorias, riéndose de esos guardianes nocturnos y vigilantes de tumbas, y de todos los que hacen ruido con sombrías llaves.
Tú los espantarás y derribarás con tus carcajadas; su desmayarse y su volver en sí demostrarán tu poder sobre ellos.
Y aunque vengan el largo crepúsculo y la fatiga mortal, en nuestro cielo tú no te hundirás en el ocaso, ¡tú, abogado de la vida!
Nuevas estrellas nos has hecho ver, y nuevas magnificencias nocturnas; en verdad, la risa misma la has extendido como una tienda multicolor sobre nosotros.