Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Ellos se ponen en escena, se inventan a sà mismos; en su proximidad amo yo contemplar la vida, – se me cura asà la melancolÃa.
Por ello trato con indulgencia a los vanidosos, pues son para mà médicos de mi melancolÃa y me atan al hombre como a un espectáculo.
Y además: ¡quién mide en el vanidoso toda la profundidad de su modestia! Yo soy bueno y compasivo con él a causa de su modestia.
De vosotros quiere él aprender a creer en sà mismo; se alimenta de vuestras miradas, devora la alabanza que llega de vuestras manos.
Cree incluso vuestras mentiras, si mentÃs bien acerca de él: pues en lo más hondo su corazón suspira: «¡qué soy yo!».
Y si la verdadera virtud es la que se ignora a sà misma: ¡el vanidoso ignora su modestia!
Y ésta es mi tercera cordura respecto a los hombres, el no permitir a vuestro temor que me quite el gusto de contemplar a los malvados.
Y soy feliz de ver las maravillas que un sol ardiente encoba: tigres y palmeras y serpientes de cascabel.
También entre los hombres hay hermosas crÃas de un sol ardiente, y muchas cosas hay dignas de ser admiradas en los malvados.